,

Territorio Vivo

Hace tres años hicimos un esfuerzo regional enorme. Pusimos por escrito el camino recorrido hasta ahora por quienes hemos transitado esta zona vitivinícola. Fue un trabajo colectivo encabezado por Rodolfo Gershman, y tuve el privilegio de aportar la investigación abierta que tengo de este territorio desde Vinograd, mi mirada como enóloga consultora del libro y la edición del contenido técnico en relación con vinos, enología, terruño y viticultura. Y, como la cereza del pastel, recibí el honor de escribir el prólogo.

Recuerdo que, mientras lo escribía, pensaba en cómo un prólogo podía ser un punto y coma en la historia: un respiro, una pausa que no cierra, pero que abre camino. También pensé en cómo estas páginas podían ser mi carta al mundo, donde dejaba plasmados mis sueños territoriales.

Hoy me miro como alguien que ha dedicado su vida profesional a comprender y sostener el corazón de México desde lo real: con sus huellas, sus heridas, su potencia fértil. Trabajar en estas tierras —me atrevo a decir— implica y significa habitar lo disfuncional sin juicio, buscando lo que repara, lo que da rumbo, lo que nos informa sobre nuevas posibilidades.

Releer estas palabras me recuerda que el vino es memoria líquida, un almanaque sensible de nuestras tierras y un puente vivo entre culturas, paisajes y personas.

Hoy lo compartimos aquí porque creemos que sostener nuestra existencia —habitar, cuidar, transformar— ya es un acto de resistencia y de creación. Guanajuato nos ha enseñado, desde lo más íntimo, que un territorio regresa a la vida cuando su voz colectiva logra una revolución creativa capaz de habitar sus heridas y aprendizajes, transformándolos en identidad y en fertilidad para el presente.

Pensamos en los habitantes de esta Revolución Creativa: quienes buscan comprender y sostener el corazón de México desde lo real, con sus huellas y sus heridas. Somos locales y viajeros, mexicanos y extranjeros, listos para salir de aquello que nos tiene atascados. Trabajamos para reparar, para mejorar, para construir nuevas posibilidades en estas tierras.

No esperamos coherencia desde la perfección, porque sabemos que los sistemas rotos no pueden ofrecerla. Sostenemos nuestra existencia como acto de resistencia: habitamos el mundo por el que luchamos, creamos espacios fértiles, transformamos lo desconocido en posible. Y no nos conformamos solo con la lucha: saltamos al territorio de la libertad, donde la acción y la creación permiten un nuevo estado de paz.

Tal vez de eso se trate: de reconocer lo que duele sin juicio y, a la vez, mirar lo que germina. Que cada territorio encuentre su voz y que cada herida encuentre su suelo fértil. Hay tierras que, para volver a su fertilidad… definitivamente requieren ser nutridas por aquello que logra pasar por el compostaje.

Hoy lo comparto aquí no solo como memoria, sino como invitación: ¿qué significa para cada uno de nosotros habitar con dignidad la tierra que nos sostiene?

Aquí comparto ese prólogo, que forma parte del libro Viñas y Bodegas de Guanajuato

Acceso completo al libro | Español descarga

Acceso completo al libro | Inglés download

Texto por Natalia López Mota, Septiembre 2025.